El mejor momento

Ni el rey más rico del medioevo pudo acceder jamás a la calidad de vida que nos proveen hoy los antibióticos, ni imaginar la protección de las vacunas o la erradicación de enfermedades que ofrece la ciencia médica en coordinación con la investigación y producción farmacéutica mundial. La aspirina, tan común para todos, fue descubierta por Hoffman en la Bayer hace poco más de cien años y la encontramos en la tienda de la esquina.

La luz de las velas y sus penumbras están presentes en nuestra vida al contemplar cuadros renacentistas y en celebraciones. En su lugar, iluminamos ahora el mundo con un invento que cambió el curso de la historia: la bombilla eléctrica. Su difusión masiva (así como la de las aspirinas y la de miles de inventos y descubrimientos más) sólo fue posible gracias al comercio internacional, que prosperó de forma creciente en el siglo XX y que impulsó nuestra existencia a límites de bienestar inimaginables, nunca antes vistos.

Desde el primer telegrama intercontinental, que fue posible gracias a la iniciativa de un comerciante neoyorquino a quien se le ocurrió pasar un cable de cobre por el océano) sólo han pasado cerca de doscientos años para que la fibra óptica -con datos a velocidad lumínica- permita acceder al conocimiento global en una biblioteca planetaria a la cual se accede mediante dispositivos electrónicos impensables hace cincuenta años. Los avances vertiginosos en telecomunicaciones han eliminado incluso las distancias, ayudando a la humanidad a resolver problemas complejos de manera colaborativa y a mayor velocidad. Prueba de ello es lo que sucede en medio de la pandemia: la velocidad en el viaje de datos hace posible que equipos científicos de todo el mundo trabajen en forma colaborativa y abierta para desarrollar aceleradamente un tratamiento efectivo y una vacuna.

En 1980, el 44% de la población mundial estaba sumido en la pobreza extrema, mientras que hoy sólo lo hace el 9,5%. La reducción de este flagelo ha sido tal, que el Banco Mundial predice el fin de la miseria en aproximadamente dos décadas. Esa franca retirada de la pobreza extrema ha hecho incluso cambiar retóricas en ciencias sociales, poniendo a la desigualdad como preocupación principal de muchos investigadores de corte igualitarista.

Fuente: Banco Mundial

Lejos de consignas ideológicas, la revolución real que ha cambiado nuestra vida ha sido una revolución comercial, de creatividad y productos que han incrementado el bienestar.

En este, el mejor momento (pero con un virus al acecho), también salen a flote las peores presiones autoritarias sobre los individuos de parte de quienes ostentan poder. Serán el tratamiento y la vacuna los que traerán de nuevo la libertad, de la mano de la ciencia, la creatividad y de la capacidad de producción y comercialización masiva que ha desarrollado la especie humana.



Artículo publicado para el espacio de opinión de la Fundación Participar en el Diario El Frente el Viernes 1 de Mayo de 2020