Mientras recorría el Centro Comercial El Puente de San Gil, Santander, una señora sentada en una de sus plazoletas abiertas me comentó con una sonrisa: “Yo vengo aquí casi todos los días un ratico, me gusta mucho, me tomo un café, paso a veces la tarde”. Su expresión era de puro agrado, de esa satisfacción que solo surge cuando un espacio -aunque comercial- se siente propio y vivo. Tal es el poder de un diseño que se abre a la ciudad.
Antaño existieron centros comerciales integrados al entorno urbano, con andenes y plazoletas que enriquecían la vida cotidiana. En Bucaramanga, El Centro Comercial Cabecera Segunda y Tercera Etapa, desarrollados en los años 70 y 80 por Urbanas, representaban esa visión: espacios que se mezclaban con la calle, aportando dinamismo y durabilidad al tejido de la ciudad.
Sin embargo, desde los años 90, con el auge del aire acondicionado y los problemas de seguridad en Colombia, los centros comerciales se cerraron en sí mismos, convirtiéndose en cajas aisladas, desconectadas de la urbe. Al entrar, muchas veces nos sentimos en otro lugar.
El Centro Comercial El Puente en San Gil rompe con esa tendencia y se convierte en un caso exitoso. A una cuadra del parque principal, el grupo Promoser SAS, promotores del proyecto, propuso a la administración municipal un puente peatonal que cruza el río Fonce, integrando plenamente el espacio comercial con el público. Es una fusión donde lo público y lo privado se articulan hacia un fin mayor: la calidad espacial y el bienestar.
En su interior, pasajes peatonales, plazas y plazoletas prolongan el espacio urbano hacia los locales, difuminando los límites entre exterior e interior; todo es abierto. Este diseño, a cargo de Sanmiguel Arquitectos, conservó además fachadas de las antiguas bodegas de la Compañía Colombiana de Tabaco -con su ladrillo visto artesanal-, articulando la memoria histórica con el diseño contemporáneo. Esto demuestra que es posible avanzar respetando el pasado, siempre que se haga con sensibilidad.
¿Cuánto valoraríamos más centros comerciales abiertos, sombreados y conectados que convoquen a la ciudadanía? ¿Por qué no replicar esta estrategia de fusión entre los espacios públicos y privados, para dinamizar la economía, favorecer la seguridad urbana y embellecer lo cotidiano?
En resumen, El Centro Comercial El Puente no es solo un centro comercial distinto; es un ejemplo de cómo la arquitectura puede, en sus cualidades sensibles, volver a poner al peatón y a la ciudad en el centro.
Un agradecimiento especial al arquitecto Jaime Pinilla Medina, quien participó en esta gesta y me colaboró con datos e historia de este legado urbano para San Gil.
Alejandro Ordóñez Ortiz
Articulo publicado en Vanguardia 23 de Julio de 2026 para la columna de opinión de la Sociedad Colombiana de Arquitectos.
https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/2026/07/23/un-centro-comercial-distinto/
